Tuesday, December 30, 2014

VEO COMO INGENUA LA ESPERANZA DE QUE LAS REVOLUCIONES FUTURAS SEAN OBRA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES, SIN LA AYUDA DE UNA CASTA DE HOMBRES SUPERIORES, DE UNA CASTA DE SUPERHOMBRES QUE GUIEN A LAS MASAS POPULARES

Partido Comunista de México
Publicado el Martes, 15 Julio 2014 

SOBRE LA CUESTION DEL ESTADO

Por Miguel Urbano Rodrigues

En un texto de cuatro decenas de páginas, publicado en 1967 en el Militante*, Álvaro Cunhal define la Cuestión del Estado como la Cuestión central de cada Revolución.

En ese ensayo retoma una tesis leninista fundamental.

Al final del siglo XIX, el socialdemócrata alemán Edward Bernstein sustentó que era posible derrotar a la burguesía y transformar radicalmente la sociedad en un marco institucional (el bismarkiano) sin necesidad de una revolución. Para Bernstein «el movimiento (léase reformas) es casi todo». Esa posición, denunciada como oportunista y capituladora por Rosa Luxemburgo y Lenin, señaló el inicio de una ruptura con el marxismo de partidos y organizaciones que hasta ese momento defendían la toma del poder por la clase obrera por la vía revolucionaria.

La destrucción del capitalismo en Rusia tras la Revolución de Octubre, concebida y dirigida por el Partido Bolchevique, no puso fin a la polémica en torno de una cuestión fulcral: ¿es posible construir el socialismo en un país utilizando las instituciones criadas por la burguesía para lograr sus objetivos?

El golpe de estado de Pinochet (ideado en los EUA) como desenlace sangriento de los Mil Días de la Unidad Popular chilena fue una respuesta de la Historia a aquellos que insistían en defender la «vía pacífica» para la construcción del socialismo utilizando el estado burgués.

Transcurrido un cuarto de siglo, las sucesivas victorias electorales de Hugo Chávez en Venezuela reactualizaron el debate sobre el tema. El fallecimiento prematuro del líder de la Revolución Bolivariana no solamente, confirmó que su evolución fue desde el inicio decisivamente condicionada por el factor subjetivo como desaconseja previsiones sobre el rumbo del proceso.

Álvaro Cunhal recuerda en su trabajo que Lenin insistía que, conquistado el poder, el proletariado no se puede limitar a gestionar el aparato del Estado burgués, tiene que destruirlo y substituirlo por un nuevo Estado.

Es útil recordar que al regresar a Rusia tras la Revolución de febrero, Lenin se pronunció contra cualquier forma de colaboración con el gobierno del príncipe Lvov. Al exigir en las Tesis de Abril todo el Poder para los Soviets, el gran revolucionario, en un marco de dualidad de poderes, imprimió una alteración súbita en la estrategia del Partido. Meses después, al escribir El Estado y la Revolución, profundizó la crítica a ilusiones de cooperación con la burguesía (el gobierno de Kerenski), retomando enseñanzas de Marx.

Obviamente que la situación en Europa en este inicio del segundo milenio es muy diferente de la existente en la Rusia de 1917. Pero hay lecciones de la Historia que permanecen actuales. Álvaro Cunhal pone énfasis en una de ellas en l967 al recordar que siendo el Estado burgués «un instrumento de dominación de una clase sobre otras clases», será preciso destruirlo y sustituirlo por un Estado diferente, cuando el pueblo conquiste el poder.

No se desactualizó el lúcido ensayo del añorado secretario general del PCP.

Transcurrido casi medio siglo, en una Europa dominada por el gran capital, cuando muchos partidos comunistas se socialdemocratizaron, persisten en fuerzas y organizaciones progresistas ilusiones sobre la llamada democracia representativa. Condenan el imperialismo y el capitalismo, pero, ante la inexistencia a medio plazo de condiciones subjetivas para el surgimiento de situaciones prerevolucionarias, adoptan estrategias reformistas, integradas en el sistema. Actúan como si a través de las instituciones pudiesen un día llegar al gobierno. El Partido de la Izquierda Europea y partidos como la Syriza griega son en la práctica inofensivos para el Estado burgués y sirven a sus objetivos. Practican una forma de oportunismo que se manifiesta inclusive en el lenguaje político de los dirigentes. Admitir por ejemplo que las dictaduras de la burguesía europeas de fachada democrática son formas de democracia política es un grave error.

Obviamente que los partidos que combaten por el socialismo deben participar en los parlamentos y luchar en ellos por reformas revolucionarias. Ya Lenin atribuía importancia a ese tipo de intervención. Pero sin ilusiones. Su función debe ser el combate al sistema, sin la perspectiva de eventual cooperación con partidos burgueses en el parlamento y fuera del. Las reformas de contenido revolucionario son, hay que subrayarlo, inviables en el ámbito de instituciones controladas por el capital.

MARX Y LA CUESTIÓN DEL ESTADO

En una entrevista reciente a una web vasca, Boltxe (in La Haine,18.5.14), comentando la crisis estructural del capitalismo, destaqué el explosivo renacimiento del marxismo. Contrariando profecías de los intelectuales anticomunistas, se multiplican hoy, en Europa y en América, los Congresos y seminarios sobre la obra y el pensamiento de Karl Marx. En Francia -un ejemplo- el curso sobre Marx en la Sorbonne, promovido por el filósofo e historiador Jean Salem, es un éxito, acompañado en la Internet por más de 30.000 personas.

Ese interés de las nuevas generaciones por el marxismo confirma su vitalidad como ideología creadora y dinámica, tal como la concibió Marx -un instrumento revolucionario indispensable a la comprensión del mundo actual y a su transformación a través de luchas contra el capitalismo del siglo XXI, diferente de aquel que inspiró al autor de El Capital, pero para lo cual, hoy como ayer, la explotación del hombre es condición de su supervivencia. Siendo el capitalismo por su esencia inhumano, no veo para él otra alternativa que no sea el socialismo.

Como comunista soy consciente de que la palabra socialismo es susceptible de muchas interpretaciones. Las lecciones de la derrota de la Unión Soviética y la transformación de Rusia en un país capitalista nos traen, además, la certeza de que la desaparición del capitalismo no dará origen a un modelo único de socialismo.

En los últimos años surgieron obras muy importantes de filósofos marxistas revolucionarios. Citaré entre otros cuyos trabajos merecen estudio atento, el italiano Doménico Losurdo y el francés Georges Labica.

Ambos, destaco, coinciden con Álvaro Cunhal en la conclusión de que es indispensable, cuando un partido marxista-leninista toma el poder, destruir por la raíz el Estado burgués. El resultado de la experiencia chilena -nunca está de más recordar esa evidencia– demostró con claridad meridiana la imposibilidad de utilizar con éxito el aparato de Estado criado por la burguesía para imponer un sistema incompatible con los objetivos de esta. El rumbo de los acontecimientos en la Venezuela Bolivariana y en Bolivia también está confirmando que la denominada «vía pacífica al socialismo» es una tesis romántica.

MARX Y LA EXTINCIÓN DEL ESTADO

Es sin embargo ilusorio e ingenuo creer que por si sola la destrucción del aparato del Estado burgués resuelve el problema de la construcción, función y naturaleza del Estado socialista. Lenin, tras la victoria de la Revolución de Octubre, alertó al Partido sobre los tremendos desafíos de la transición en el futuro inmediato.

Losurdo coloca concretamente una cuestión teórica fundamental sobre la transición del capitalismo a una sociedad socialista humanizada, sin explotadores ni explotados. En Marx no se encuentra respuesta a esa cuestión crucial.

Losurdo no critica directamente la tesis marxista de la extinción gradual del Estado. Pero recuerda, con alguna frustración, las respuestas que la Historia dio al tema en sociedades en las cuales partidos comunistas, tomado el poder, iniciaron la construcción del socialismo. El Estado burgués, destruido, fue en ellos sustituido, en un contexto de lucha de clases exacerbada, por un Estado de transición. La meta, distante, era el comunismo tras la construcción del socialismo.

Pero en ninguna de esas experiencias revolucionarias el nuevo Estado edificado por el Partido sobre las ruinas del Estado burgués preexistente se encaminó con el tiempo para la extinción, como previa Marx. Ocurrió lo contrario. El Estado, por motivos muy diversos, en circunstancias históricas desemejantes, se fortaleció continuamente. Eso ocurrió concretamente en La Unión Soviética, en Cuba, en Vietnam. No creo que los errores y desviaciones cometidos por los partidos comunistas de eses tres países -y fueron muchos y graves- puedan haber sido la causa determinante de la no reducción del papel y de la dimensión del Estado socialista. Se asistió, al contrario, a una hipertrofia del Estado.

La explicación de ese fenómeno político, social y económico, algo no previsto por Marx, la encontramos –admito- en el hombre, en la resistencia del ser humano a transformarse, mismo en beneficio propio.

La humanidad realizó conquistas prodigiosas en el dominio de la ciencia y de la técnica. La vida es hoy totalmente diferente de lo que era en la Atenas de Pericles. Pero el hombre del Siglo XXI no es mejor ni más inteligente de lo que eran Platón y Aristóteles. El homo sapiens contemporáneo, con sus virtudes, vicios y aspiraciones, no difiere mucho en su capacidad de amar, sentir y luchar del ateniense del siglo V A.C., o del ciudadano de Jerusalén de la época de Jesús.

El hombre nuevo, por ahora, continua a ser una aspiración, un ser mítico, utópico. La aparición rapidísima en la Rusia de Yeltsin de millones de hombres antiguos, con todos los estigmas del capitalismo, requiere reflexión.

La transición del socialismo para el capitalismo será mucho más lenta de lo que Karl Marx pronosticó.

En el monstruoso engranaje al servicio del capital que es hoy la Unión Europea, la probabilidad de rupturas revolucionarias en los países periféricos, imperializados, es mínima en la actual coyuntura, mismo en aquellos donde existen condiciones objetivas favorables.

Esa convicción no implica que los comunistas bajen los brazos en la lucha contra el capitalismo.

La opción comunista exige una disponibilidad permanente para el combate contra el capitalismo como enemigo de la humanidad.

La advertencia de Rosa Luxemburgo sobre la antinomia socialismo o barbarie no perdió actualidad. Está en las manos de la Humanidad optar por su continuidad o extinción.

Las revoluciones no son prefijadas. Tuve el privilegio de ser testigo de algunas y participé modestamente en la luminosa y breve saga del 25 de Abril y en la lucha por la defensa de sus conquistas.

Sé que mi vida útil se aproxima al final. Pero mi compromiso como comunista no es con el calendario y sí con los principios y valores por los cuales combatí –el ideario que otorgó sentido a mi existencia.

Veo como ingenua la esperanza de que las revoluciones futuras sean obra de los movimientos sociales. El espontaneismo no hace historia profunda. La lucha de clases continúa siendo el motor de la Historia. Es al partido revolucionario marxista-leninista de nuevo tipo que cabe liderarla como vanguardia.

De momento no están creadas las condiciones subjetivas para revoluciones socialistas en el futuro inmediato. Pero el capitalismo no tiene soluciones para salvar de la destrucción su monstruoso proyecto de dominación universal. Está condenado a desaparecer. Entró ya en un lento proceso de implosión.

La marea de la lucha de clases sube. Y la convergencia de muchas luchas en muchos países será fatal para el capitalismo.

Serpa y Vila Nova de Gaia, julio de 2014

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*Reeditado en 2007, con un prefacio de José Casanova.

Monday, November 24, 2014

PORQUE SOCIALISMO? ARTICULO ESCRITO POR ALBERTO EINSTEIN

Albert Einstein
Artículo publicado originalmente en 
Monthly Review, New York, mayo 1949.


¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?»

Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad».

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

Saturday, August 23, 2014

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VIDEO QUE YO HIZE CON LOS LIBROS NECESARIOS QUE HAY QUE LEER PARA TUMBAR EL CAPITALISMO:

27 LIBROS PARA CONVERTIRSE EN SUPERHOMBRES CHAVISTAS Y DESTRUIR EL CAPITALISMO


Estimados hermanos chavistas.  Tienen que comprar estos libros y leerlos, estudiarlos muy bien, ya que esta lista de libros de filosofia politica, psicologia, historia internacional.  La historia de los Griegos, la historia de los romanos.  Si lograr leer todos estos libros pueden ser superhombres como Hugo Chavez.  Y destruir completamente el capitalismo

1-La Voluntad de Poder de Federico Nietzsche.  
2-  Mas Alla del Bien y del Mal de Federico Nietzsche.  
3- Napoleon Bonaparte de Emil Ludwig.  
4- Hugo Chavez: Un Hombre Que Anda por ahi de Aleida Guevara.  
5- Asi Hablo Zaratustra de Federico Nietzsche.  
6- Crimen y Castigo de Fiodor Dostoevsky.  
7-  Alejandro Magno de Roger Caratini.  
8-Julio Cesar de Hans Oppermann. 
 9-La Biblia version Dios Habla Hoy.  
10- Los Fundamentos del Leninismo de Josef Stalin.  
11- El Arte del Buen Vivir de Arthur Schopenhauer. 
12- Que Hacer de Vladimir Lenin.  
13- Superman y filosofia de William Irwin.  
14- Che Guevara de Pacho O'Donnell.  
15-  Simon Bolivar de John Lynch.  
16- HEGEMONIA O SUPERVIVENCIA DE NOAM CHOMSKY (EL LIBRO QUE CHAVEZ USO PARA INSULTAR A BUSH EN LA ONU EN EL 2006).  
17- El Manifiesto Comunista de Carlos Marx.  
18-  El Capital de Carlos Marx.  
19-  La Odisea de Homero.  
20-  Las 48 Leyes del Poder de Robert Greene.  
21-  Anabasis de Jenofonte (Libro leido por Alejandro el Grande como arma mental para destruir a sus enemigos).  
22- Anibal, Enemigo de Roma de Ben Kane.  
23- La Republica de Platon.  
24- El Principe de Nicolas Maquiavelo.  
25- La Politica de Aristoteles.  
26 -Manual de Marxismo Leninismo de Otto Kuusinen.  
27-Imperialismo fase superior del capitalismo de Vladimir Lenin  

Y MUCHOS OTROS LIBROS MAS MARXISTAS PARA PODER DESTRUIR EL CAPITALISMO 

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Monday, March 17, 2014

DISCURSO Y OBRA LITERARIA DE MUCHO VALOR DEL FILOSOFO DOMINICANO EUGENIO DESCHAMPS DEDICADO AL REVOLUCIONARIO COMUNISTA MAXIMO GOMEZ



"La epopeya no había muerto. Había reclinado, cargada de lauros, la cabeza, y dormía sobre las gloriosas tumbas de Bolívar y de Páez. La vía, empero, trazada por Miranda y San Martín estaba ahí, cuajada de abismos, salpicada de cráteres, y cual la espada de la leyenda, era imposible tocarla a quien no sintiera en sí la titánica musculatura del león llanero, o no tuviera la pujanza del águila que fue de cumbre en cumbre tocando dianas gloriosas a lo largo de los Andes. 

De pronto soliviantáronse los pueblos. Sonó el clarín, y brilló el machete al sol. Era que había despertado la epopeya, que salvó el mar, que saltó, rugiente y trágica, a la faja de tierra en que se habían arremolinado las sombras en derrota, y encendiendo el volcán de las batallas, y haciendo surgir las abnegaciones estupendas, y resucitando con grito formidable los heroísmo magníficos, y cruzando a nado, con la espada entre los dientes, el horrible mar de sangre que entre ella y el triunfo arrojó, desesperada, la insensatez del error, traspuso el monte, llenó el valle, ¡y cerró con el mágico buril de la victoria, el fulgurante ciclo heroico del continente libre! 

¡Tú, oh paladín, eres la resurrección de la epopeya! ¡Ave, Hatuey! Al sentirse hollada por ti, se estremece de júbilo tu tierra. Acepta, héroe, sus viriles y ruidosos entusiasmos. 

Al saludarte, al festejarte, al glorificarte, orgullosa y altiva, el alma de la patria saluda y festeja y glorifica en ti el hondo sentimiento del heroísmo y de la gloria; saluda y festeja y glorifica a Cuba, libre, al término de sus espantosas décadas sangrientas; saluda y festeja y glorifica la radiosa trinidad que ha de alzarse, triunfadora, en el rebelde piélago Caribe; saluda y festeja y glorifica, por último, a América, arrojando intrépida, la carga de sus épicos dolores y de sus nefandas servidumbres, y encarándose a los siglos, ¡sin amos, libre, heroica, próspera, ubérrima, íntegra y gloriosa!"

Wednesday, January 1, 2014

LEAN ESTE ARTICULO SOBRE EL FUTURO DEL EX-PRESIDENTE DR. LEONEL FERNANDEZ


Leonel Fernández dedica grandes esfuerzos a mantener vigente el pacto de impunidad. Ese pacto hace viable su aspiración de volver a la Presidencia de la República en el año 2016, y, más importante aún, preserva su posición de jefe del sistema político en el país. Como presente, asumió el costo político de invertir recursos del Estado para colocar a un grupo importante de sus seguidores en el Congreso Nacional y hacerse del control de las llamadas Altas Cortes. Como expresidente, ha utilizado su influencia política para impedir que se haga justicia.  En ese accionar político (politiquero) hay que incluir no solo sus declaraciones y otros actos públicos, también el manejo dirigido a evitar que el senador Félix Bautista tenga que responder preguntas sobre el origen de la fortuna que en breve tiempo ha acumulado (declaró 547 mil pesos en 1996 y en el 2010 más de 16 millones de pesos) y, por supuesto, sobre el destino que ha dado a los cuantiosos fondos de que dispone.

La manipulación no alcanza para disfrazar de sana cooperación e identificación política la interacción entre el jefe de un grupo económico que no resiste investigación alguna, y un socio con inevitable apariencia de tesorero, testaferro o ejecutor.  A colaboradores con amplio historial de corrupción (Temístocles Montás, Francisco Javier García y otros), con el concurso de Danilo Medina (actual presidente, garante y beneficiario de la impunidad aunque pueda todavía disfrazarse) los mantiene en el Estado sin pasar de funcionarios a exfuncionarios porque fueron confirmados o reubicados desde el inicio de la actual gestión; pero a Félix Bautista tuvo que colocarlo en el Senado porque, como funcionario, no pudo ocultar la malversación, y su inserción en el PLD es posterior al momento en que los actuales miembros del Comité Político adquirieron la condición de dirigentes con que hoy apañan la de millonarios saqueadores.

Entre agosto del año 2012 y enero del año que finaliza, Leonel Fernández fue parco a veces y otras veces intentó, utilizando argumentos nada sólidos, explicar el enorme déficit fiscal que el clientelismo y otras prácticas de corrupción crearon. En el presente año, comenzaron a ser más frecuentes sus apariciones en actos de su centro de manipulación ideológica y “enjuague” de recursos financieros, la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Esto lo ha combinado con discursos desde foros internacionales y declaraciones llamativas en actividades del Partido de la Liberación Dominicana.  Las acusaciones contra Félix Bautista no solo han sido enfrentadas por figuras desacreditadas como el ex procurador general Radhamés Jiménez Peña, los principales organismos del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, han emitido documentos en los cuales aseguran que el senador por San Juan de la Maguana es un hombre íntegro.

Con ese aval, Bautista inició en septiembre pasado un espectáculo mediático querellándose formalmente contra varios comunicadores, actuando en Miami, en España y en el país.  ¿Acallará con eso el escándalo que produjeron las acusaciones de asociación no limpia en Haití, en Perú y en el país? Es obvio que no, pero después del montaje en el Senado, donde legisladores de su mismo grupo hablaron y posaron para las cámaras en una investigación destinada a quedar en palabrería, había que acudir a los tribunales, y decidieron actuar contra comunicadores ligados casi todos al sector de Hipólito Mejía.

¿A QUÉ RESPONDE ROGER NORIEGA?

En el artículo recientemente publicado en The Miami Herald, Roger Noriega, ex secretario de Estado adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental, no solo afirma que Leonel Fernández manipula de manera “atroz” las instituciones nacionales, también deja claro que da crédito a las acusaciones de corrupción en contra del expresidente.  “No es sorprendente que el informe del CSIS señale que Fernández o sus aliados estén involucrados en lavado de dinero y otros delitos graves.  Miguel Vargas, por ejemplo, fue acusado en un testimonio jurado a principios de este año de haber aceptado 300,000 dólares del capo de la droga José David Figueroa en Agosto del 2008”, dice Noriega, al referirse a un informe en el cual el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales afirma que existe un pacto entre Leonel Fernández y el actual presidente del Partido Revolucionario Dominicano, Miguel Vargas, para desintegrar al PRD.

Antes que analizar las afirmaciones (basadas en hechos ciertos) de Noriega, cabe preguntar por qué, en este momento, la ultraderecha lo pone a hablar en condición de aliado de Hipólito Mejía (el expresidente que se autodefinió como lacayo de Estados Unidos).  Hay que hablar de intereses, porque no es cierto que Noriega y sus asociados estén preocupados por la suerte de los dominicanos pobres y de los dominicanos de ascendencia haitiana a quienes la infame sentencia del Tribunal Constitucional ha despojado de su nacionalidad. Se trata de que Leonel Fernández y su grupo entiendan, de una vez por todas, que la ultraderecha puede prescindir de sus servicios y articular opciones que, al menos coyunturalmente, sirvan para disfrazar de democracia el autoritarismo con elecciones en República Dominicana.

El artículo fue publicado el jueves 26 de diciembre, día del cumpleaños número 60 de Leonel Fernández, lo cual hacía suponer que emitiría una declaración. Y es un llamado de atención a Fernández y sus allegados para que no olviden que el poder imperialista busca la gobernabilidad y que, a pesar de que han acumulado mucho poder, tienen que obedecer el dictado imperialista, incluso en cuanto a compartir cuotas en las instituciones.  En el año 2006, Roger Noriega elogió el manejo de la economía durante los dos años de gobierno que, en ese momento, llevaba en la Presidencia de la República Leonel Fernández, de modo que las contradicciones no son antagónicas. Se trata de que Leonel Fernández entienda que debe seguir el libreto.

¿QUÉ DEJA AL TIEMPO LEONEL FERNÁNDEZ?

"Yo siempre dejo que las cosas las decida el tiempo. Yo siempre estaré atento a saber cómo soplan los vientos", dijo Leonel Fernández cuando se le preguntó si será candidato en el año 2016. Mintió otra vez: jamás ha dejado al tiempo la decisión sobre la marcha del pacto de impunidad.  Lo de su posible candidatura, tampoco lo deja al tiempo. Hace esfuerzos por convencer a la ultraderecha de que puede servirle de manera efectiva desde la Presidencia de la República, aunque podría tener que conformarse con dirigir desde FUNGLODE el sistema político.  El mismo día en que fue publicado el artículo de Noriega, Danilo Medina, almorzando en el Palacio con un grupo de periodistas comprometidos con el PLD, hizo una llamada telefónica a Leonel Fernández felicitándolo por su cumpleaños. Es tácita expresión de apoyo.

Danilo Medina ha seguido comprometiendo a periodistas, dueños y directores de medios de comunicación, y no tiene reparo en utilizar el dinero y otros recursos del Estado para mantener los acuerdos. Sus invitados de ese mediodía presenciaron la “cordial” comunicación telefónica como expresión de que “se está con ambos o con ninguno”.  El manejo mediático incluye acciones judiciales, pactos, soborno y aumento de prebendas para ciertos grupos y para ciertas figuras. Leonel Fernández allana su camino y resguarda su privilegiada posición, y el poder imperialista, que, en última instancia, trabaja como conjunto, utiliza pretextos simpáticos para dar apariencia de legitimidad a su decisivo protagonismo en la repartición de cuotas de poder.

Halcones imperialistas y lacayos criollos, utilizan cualquier disfraz para actuar en contra de los intereses de este pueblo, y pretenden seguir presentando como nuevo lo anciano.  La manipulación atroz de la ultraderecha imperialista, abominable como la de Leonel Fernández en las instituciones (y como la que no pudo concretar Hipólito Mejía en el 2004), vuelve a manifestarse y muestra que es urgente que se haga colectivo el canto de Neruda: Soy pueblo, pueblo innumerable. / Tengo en mi voz la fuerza pura/ para atravesar el silencio/ y germinar en las tinieblas...”.



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