
Los que aspiran a la confrontación con el Estado y sueñan con una explosión social espontánea: mar revuelto en el cual piensan que serán los afortunados pescadores, inmolaron el 2014 en Loma Miranda, dejando de lado todas las demás aspiraciones sociales, lo que los ha sumergido en el actual reflujo del cual pretenden salir ahora cambiando su buque insignia a la Constituyente por elección popular, sin entender que en realidad no tienen oportunidad de influir decisivamente en un evento semejante.
Quienes han apostado a lo electoral se han dividido en dos grupos más o menos definidos: los que creen en una candidatura independiente de la partidocracia que nos ha gobernado durante los últimos cincuenta años, y quienes optan por participar aliados al PRM.
Los que aspiran a una candidatura independiente de la partidocracia, mayoritariamente se aglutinan en torno a la candidatura de Guillermo Moreno, un proyecto político bonsái, construido sobre el tema de la lucha anticorrupción y el honestismo político, de espaldas a los problemas materiales que padece el grueso de la población, lo cual limita sus simpatías a, casi exclusivamente, profesionales y estudiantes.
Los que optan por participar aliados al PRM, ven en la salida del PLD del gobierno el objetivo principal, enfermos de una amnesia selectiva que les hace olvidar que no hay diferencia real entre PLD, PRSC, PRD y éste. Esta franja de la Convergencia está compuesta por un archipiélago de pequeños grupos, dentro del cual el Frente Amplio es el único con ciertos niveles de organización y membresía, el cual promovió a Fidel Santana como candidato presidencial, a sabiendas de las nulas posibilidades de esa candidatura, sólo como moneda con la cual negociar puestos electivos alcanzables.
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